Historia de Orellana

La historia deja muestras de la presencia humana desde los primeros tiempos. Ya en el paleolítico, hombre y animales, en sus emigraciones anuales buscando alimentos, aprovechaban los muchos vados naturales del río y sobre todo, desde la instalación de la barca que había en esta parte del Guadiana porque garantizaba una sistema permanente de paso .
Esta estratégica posición es la que configurará y condicionará en gran parte los devenires de los tiempos Hachas de piedra, pinturas rupestres, castros celtas, castillo… todo este paso está representado en el entorno en hallazgos casi siempre ocasionales que carecen de estudios profundos que nos permitan ver una importancia que sólo intuimos.

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La época romana destaca por la Ciudad de Lacimurga, nombrada entre los viejos pueblos celtas: los vettones, que se sitúa unos kilómetros al norte, en la misma margen. Según algunas interpretaciones del nombre Orellana es Aureliana, puede ser la primera fundación del pueblo en su lugar actual.. En todo este periodo y en el de la dominación árabe no podemos constatar la existencia de un núcleo urbano, aunque los restos de todos estos momentos no dejan de aparecer por doquier.

Va a ser a mediados del siglo XIV, cuando se empiecen a tener noticias de la posesión de las tierras por la familia trujillana de los Altamiranos por un documento en que Alfonso XI . Doda el territorio a su amigo desde niño Juan Alfonso de la Cámara, de Trujillo. Entonces había una pequeña población de veinte vecinos. Ya por entonces se conoce al lugar como Orellana y poco después se funda un Señorío que llegará a Marquesado, durando varios siglos. Se edifica o reedifica el castillo, que luego será adaptado para Palacio, seguramente la primera iglesia, más pequeña, y el pueblo va creciendo hasta alcanzar impresionantes números.
El esplendor del siglo XVI deja buenos exponentes en un gran crecimiento de la población y de la ampliación o construcción de los grandes edificios de Orellana: la Iglesia, el Convento y las Casas Señoriales. Los continuos crecimientos de la población obligan a una ampliación del casco urbano, haciéndolo esta vez, de forma ordenada. Diseño de calles rectas y largas, con parcelas rectangulares y casas que disponen de un gran patio-huerta. Estos nuevos barrios contrastan con la parte antigua, situada en el triángulo que forman iglesia, castillo y convento que se corresponden a los tres grandes caminos en los que se organiza el pueblo: la entrada y salida de la Cañada Real Segoviana hacia la barca y el camino de Cogolludo-Orellanita. Aquí las calles son irregulares y retorcidas casi todas. En la Calle Real, paso de la Cañada y en la Plaza de España – Extremadura, encontramos edificios más señoriales, que también ocupan espacios hacia el Castillo-Palacio.
El Plan Badajoz, con la creación del pantano de Orellana, cambia radicalmente el paisaje con inundaciones de tierras y ensanchando notablemente las dos orillas, al tiempo que la presa servirá de primer puente libre y permanente entre las tierras del norte y del sur de Río Guadiana, algo que no ocurría hasta entonces.